Por
la propia naturaleza del lenguaje las representaciones pictóricas se
adaptan más fielmente, y de manera más detallada que las
escultóricas, a las imágenes de los textos literarios. En el género
apocalíptico predomina el estilo alegórico, abundando en él las
visiones imaginarias, las escenas teatrales, en todo más cercanas a
la fantasía que la pintura es, que a la realidad, concreta y
limitada por la materia, de la escultura. Por ello resultan
altamente singulares las imágenes escultóricas que nos representan
temas y pasajes del Apocalipsis y, más aún, cuando lo hacen con los
detalles y tan apegadas al texto, como el ejemplo que aquí
presentamos de la escultura de Nuestra Señora del Buen Retiro de
Desamparados o del Saliente, que recibe culto en el "Santuario del
Saliente", cerca del pueblo de Albox, en la provincia de Almería,
situado en una zona casi desértica y de comunicación entre aquélla y
las provincias de Granada y de Murcia. La escultura,
de pequeño tamaño -incluida corona y peana, alcanza los cincuenta y
ocho centímetros-, está tallada en una madera olorosa, llamada
sabina, y ricamente policromada. Dos ángeles, sin alas, vestidos a
la moda del XVII, la sostienen como bajándola para colocarla o
librarla del dragón que, con siete cabezas, alas de murciélago y
larga y enroscada cola, se retuerce bajo ella y bajo la luna, sobre
la que la Virgen apoya los dos pies desnudos. La túnica, adosada al
cuerpo, perfila la anatomía de las dos piernas, así como su abultado
vientre, expresando tanto su estado, como que el movimiento es de
descenso, acentuando esto último por el manto que, inflado de aire,
convierte la escena en movimiento suave y sostenido. La imagen
presenta sus manos juntas y el rostro y mirada dirigidos hacia
arriba. El conjunto de las cuatro figuras:
la Virgen, los dos ángeles y el dragón, está tallado con especial y
acentuado detalle, valorando tanto el conjunto de los paños, movidos
y de valiente claroscuro en el manto, como el modelado de los
cuerpos. En general el escultor hizo alarde de técnica buscando
verdaderos efectos pictórico-narrativos. La policromía, estofada sobre oro
en la túnica en tonos claros, muy perdida en sus adornos por el
roce, contrasta sobre el azul del manto que está iluminado con
grandes estrellas de oro. Estilísticamente, la obra habrá
que situarla a principios del siglo XVIII y no ciertamente, como se
ha afirmado, en la escuela granadina, en donde no encontramos ni
maestro ni obras que se le parezcan. Más cercana está a lo
levantino, concretamente a lo murciano, aunque tampoco nos decidimos
a una atribución a Nicolás Bussy como podría pensarse. La finura de
la talla del cabello, así como su libre y original plegado -sobre
todo del manto, debido a una posible fuente pictórica-, nos hace
pensar en una obra hecha al dictado en la que, sin embargo, también
quedan definidos rasgos estilísticos muy personales, como son las
cabezas de los dos ángeles y su manera de tratar la talla de los
cabellos. Por la finura de la talla y policromía no debe atribuirse
al arte americano Iconográficamente, la obra
transcribe. con acertada solución formal, el texto del Apocalipsis
de San Juan, en su Parte Cuarta referida a la Encarnación del Hijo
de Dios y las encarnaciones del Dragón. En el capítulo doce y con el
título Del Mesías y el Dragón, se lee: "Apareció en el cielo
una señal grande, una mujer envuelta en el sol, con la luna debajo
de sus pies, y sobre la cabeza una corona de doce estrellas y
estando en cinta, gritaba con los dolores de parto y las ansias de
parir. Apareció en el cielo otra señal y vi un gran dragón de fuego
que tenía siete cabezas y diez cuernos y sobre la cabeza siete
coronas. Con su cola arrastró la tercera parte de los astros del
cielo y los arrojó a la tierra. se paró el dragón delante de la
mujer que estaba a punto de parir, para tragarse a su hijo en cuanto
le pariese. Parió un varón que ha de apacentar a todas las naciones
con vara de hierro, pero el Hijo fue arrebatado a Dios de su trono.
La mujer huyó al desierto en donde tenía un lugar preparado por
Dios, para que allí la alimentasen durante doscientos setenta días". La imagen aquí representada es
descendida por los ángeles y la cola del dragón, retorcida, parece
estar barriendo las estrellas del manto de la Virgen, mientras que
sus siete cabezas arrojan fiereza desgarrada al conjunto,
contrastando con la seriedad del cuerpo y rostro de la Virgen que,
delicadamente, muestra su abultado vientre. Durante un tiempo se consideró que
aquí se representaba la Asunción de la Virgen, pero es bien claro
que el tema es otro. Ya en el catastro "de la Ensenada" se recoge la
existencia del Santuario con el nombre de la "Ermita desierto de
Nuestra Señora de los Desamparados en la Sierra del Saliente". La
imagen encierra, en su contenido iconográfico, todo un programa de
catequesis bien adaptado al lugar y a sus gentes. La Virgen del
Saliente es MaríaIglesia en lucha con el dragón, viviendo en el
desierto y representando el propio mensaje de esperanza que contiene
el libro del Apocalipsis, que según se acepta por los estudiosos que
interpretan el texto original, se refiere esta mujer a la Iglesia
del Antiguo Testamento que da a luz al Mesías en medio de las
grandes pruebas y ansias con que suspiraban tantos siglos por su
venida. La madre del Mesías es, pues, la misma Iglesia, el Israel de
Dios, sin distinción del Antiguo o Nuevo, el cual queda en la
tierra. Y en el desierto del mundo, bajo la protección de Dios, vive
mil doscientos setenta días, es decir, media semana, tanto como
había durado el misterio profético de los dos testigos. Aquella
media semana pertenece al Antiguo Testamento; esta otra, al
Testamento Nuevo; ambas juntas forman una semana entera, símbolo del
tiempo que han de durar las luchas de la Iglesia en el mundo. La
imagen cronológica está tomada también de David que en varias formas
la repite. en el desierto, la Iglesia está alimentada, como Israel,
con el pan de la Verdad y el maná de la Eucaristía (2). Sin lugar a dudas los inspiradores de esta versión del Saliente fueron los dos personajes que la historia de este Santuario señala: Lázaro de Martos y Roque Tendero, que fueron hombres cultos, licenciados en Teología y directamente comprometidos con el origen de este culto. Ellos, así, aparecen documentalmente al propio comienzo de esta devoción mariana en lugar tan singular y simbólico (3). NOTAS (1) Pedro M.ª Fernández Ortega y Antonio Fernández Ortega, El Santuario del Saliente. Historia y vida, Granada, 1985. (2) Eloíno Nácar Fuster y Alberto Colunga, Sagrada Biblia. Versión directa de las lenguas originales, Madrid, BAC, 1966, pág. 1475. (3) En el coloquio abierto tras la exposición de este texto y la proyección de las diapositivas, el Dr. Martín González intervino indicando que estilísticamente la obra podía clasificarse como perteneciente a la escuela napolitana, atribución que comparto. |
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