La Pequeñica Encarcelada



CAPITULO I

Había dado comienzo la segunda quincena del mes de julio del año 1. 936, mes de acarrear las mieses a las eras y trillar en ellas el trigo, cebada y demás cereales que se cosechaban en las cañadas y campos llanos de la villa de Albox. En la parroquia de Nuestra Señora del Rosario (Santa María) los devotos del Escapulario de la Virgen del Carmen, habían concluido el triduo en honor a la Virgen del Carmelo, en los que con gran amor habían cantado los "Gozos":
 


“Tu escapulario, Madre de amor, es signo cierto de salvación;
siempre en mi pecho lo llevaré con él al cielo yo volaré”.



El señor alcalde de la Villa de Albox, don Adolfo Juan y Juan, se encontraba sentado en un rincón de su establecimiento de la Plaza del Pueblo, resguardándose del ardiente calor de aquella tarde del mes de julio; la puerta se abrió y apareció la figura del cuerpo del señor Secretario Municipal, con un gran desaliento;

- "Don Adolfo,- le dijo sin apenas saludarle-, acabo de enterarme por la radio que, en África se ha sublevado contra el Gobierno de la República, el General Franco

Era la festividad de Santa Marina, el 18 de julio de 1.936. No tardó en verse por las recoletas calles de Albox, hombres pertenecientes a los distintos sindicatos de obreros, como así los afiliados a las asociaciones de extrema izquierda ir de un lugar a otro cantando la "Internacional" y el Himno de Riego, con esta letrilla :


"Si supieran los curas y frailes la paliza que van a llevar
Subirían al coro cantando Libertad, libertad, libertad”.


Entre aquellos hombres que rondaban por las calles de la villa, figuraba y sobresalía, don Luis Sánchez Soto, al que los albojenses conocían como Luis el de la Vega. Don Adolfo Juan, no tardó en ser destituido de su cargo de Alcalde, en su lugar quedó nombrado don Juan Pablo Mármol del Águila, cargo que desempeñó hasta el 1.937, que le sustituiría don Clemente Chacón Gómez, que duró en la Presidencia del Ayuntamiento pocos meses ya que el mismo año 37, sería nombrado don Juan López García, hasta el final de la Guerra Civil en 1.939.
Son datos recogidos en documentos escritos y en relatos personales de algunas personas que "tenían oído a sus padres que...", y de estas informaciones orales nos servimos para nuestro relato, no sin antes:


“! Virgen del Saliente, que resplandezca la verdad!
! Sólo tú puedes hacerlo! Nadie más! "

 

CAPITULO II

Los pueblos de España, por odios políticos y otros inconfesables motivos, se vieron ensangrentados. En Albox, hombres buenos que habían sido "envenenados" por ideas marxistas - leninistas, inculcándoles un odio cerval contra la Religión Católica, de la que decían era "el opio del pueblo" y la culpable de la situación en que se encontraba sumergida la clase obrera, comenzaron a ensañarse furiosamente contra los templos, en los que, sin respetar- por ignorancia- valor artístico alguno destruyeron, sin piedad, las imágenes sagradas y los retablos de las capillas y altar mayor que representaban un considerable valor artístico y devocional. En la parroquia de la Loma, entre otras, fueron destruidas dos tallas de Salzillo, la una de San Francisco de Asís y la otra una Purísima Concepción. En Santa María, fueron machacados todos los altares con sus respectivos retablos; no se respetó ni el artístico y sonoro órgano del coro ( parte de la madera de este órgano, se empleó para la construcción del actual retablo de la Capilla de Nuestra Señora del Carmen). Todas las imágenes fueron mutiladas y decapitadas, en plena faena de destrucción de estos anticlericales, en el templo parroquial del Pueblo, entró en él el citado Luis de la Vega, el cual al ver "los crímenes artísticos que se estaban cometiendo, puso "el grito en el cielo", y dando fuertes gritos, hizo entrar en razón a los iconoclastas, y logró " dejar sin trabajo" a los que estaban arruinando el templo parroquial. De todos cuantos altares había en la parroquia de la Virgen del Rosario (Santa María) en julio de 1936, sólo se salvó y hoy podemos admirar, el altar dedicado a Jesús Nazareno, situado en el colateral de la parte de la Epístola del presbiterio. Es un retablo de características barrocas que se salvó de ser enviado al Puente de los cinco ojos, lugar este en el que fueron prendidas grandes hogueras con aquellas tablas de valor incalculable de los templos religiosos de la Villa de Albox, junto con las esculturas sagradas.


En la plaza del pueblo, estaba situado el COLEGIO DE LA MILAGROSA, regentado por religiosas Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl fundadas en el siglo XVII, para asistir a todos los enfermos pobres de las parroquias y para la educación de niñas (Damas de la Cruz). Estas hijas de San Vicente de Paúl con las alumnas del Colegio preparaban la fiesta del Santo Fundador, que era el día 19 de julio, cuando hubieron de suspender todos los actos tanto religiosos como cívicos obligadas por los acontecimientos de aquel julio de 1.936.

El día 21 de noviembre de 1.896, llegaron las cuatro primeras Hermanas de la Caridad, siendo recibidas por un grupo de albojenses con gran alegría, dándoles la bienvenida el entonces Alcalde de Albox, Don Pío Fernández; estas religiosas "Paulas", venían a ponerse al frente del Hospital de San Juan de Dios y del colegio de la Sagrada Familia- luego de la Milagrosa-, fundación debida al clérigo- farmacéutico (boticario) de Albox, don José Sancho Navarro. Estas religiosas vinieron a llenar el gran vacío existente en el tema de la enseñanza en nuestra villa. La historia de este Colegio "de las monjas", ha sido tratada en varias ocasiones y en particular cuando la dolorosa marcha de las "Paulas" en los años 90, después de cien años de trabajos docentes en el Colegio de La Milagrosa.


Aquel nefasto mes de julio de 1.936, estas Hijas de San Vicente de Paúl se vieron obligadas (las obligaron) a dejar su querido Colegio y salir de Albox, con gran sentimiento de los albojenses y exalumnas.



“Huyeron llorando...
Las monjitas blancas, y azules,
Huyeron, como una bandada
De abejas, de alondras, un alba... "
 


Y aquél edificio que donara el cura Sr. Sancho Navarro, se convirtió en Hospital de Sangre, durante el periodo que duró la Guerra Civil Española, 1.936-1.939, que como cantó el poeta don Bernardo MARTÍN EL REY, hijo de la localidad de Fondón y Archivero Municipal de Almería:



"Los heridos 'Hay ! ...
Los enfermos. !Hay!...
El médico !Calla!
!Tienes en el pecho la bala clavada! "
 


Este Colegio de la Milagrosa, vendría ser la "Cárcel" de la sagrada imagen de NUESTRA SEÑORA DEL SALIENTE, de la "
PEQUEÑICA" Según información oral de personas que fueron testigos de los sucesos acaecidos en Albox, en aquél mes de julio del año 36; en la hoy CALLE ESCUADRA (antes del Hospital), en la casa señalada con el N°3, moraban tres mujeres- hijas de padre, no de madre, llamadas Flora, Concha (era invidente), y Marina, las que se dedicaban a dar lecciones a los niños que acudían a su escuela establecida en la citada casa o inmueble, regentada por la "señorita" Flora Fernández Ferrer.


El padre de estas señoritas, hubo de emigrar de Albox, al igual que otros muchos albojenses, dando con sus huesos en México, o Méjico, donde permaneció hasta el año 1.913, año en que triunfó la Revolución e Emilio ZAPATA, Francisco (Pancho) VILLA y Alvaro de Obregón, por lo que nuestro albojense se vio en la imperiosa necesidad de abandonar la tierra que, en 1.519 conquistara don Hernán Cortés, la tierra de Moctezuma II, y retornar a su "patria chica"; ya en Madrid nacería la llamada Marina a la que todas los habitantes de Albox la creían súbdita mejicana, cuando en realidad era paisana de "Mari Pepa" y del "Barberillo de Lavapies", esta Marina ayudaba a su hermana Flora en las tareas docentes, era otra "maestrita".

El médico militar, Jefe del Hospital de Sangre, (del colegio de las monjas) pidió a las autoridades locales de Albox, el concurso de prestación voluntaria de jóvenes de la villa para ejercer de "enfermeras". Entre estas "reclutadas" enfermeras se encontraba marina, que a su vez daba clase en el Colegio a la niñas; también sabemos que se puso "el delantal blanco " nuestra siempre querida amiga, doña Juana Pareja, junto con otras señoras hoy ausentes de Albox, todas ellas con "caridad cristiana" - tal era la formación que habían recibido de las Hermanas de San Vicente de Paúl- atendían a los heridos y enfermos que continuamente llegaban a este Hospital – Colegio.

 

CAPITULO III

En la segunda quincena de julio de 1.936, en sus primeros días, el Santuario del Saliente, albergaba a varias familias de Albox que pasaban con sus hijitos pequeños una temporadita huyendo de los rigores del caluroso verano, por el polvoriento camino – carretera que conducía al Monte Roel, subía un camión que iba conducido por don Pantaleón Fernández, más conocido entre sus paisanos por el “Monterrey”, acompañado del Alcalde Albox, el citado Mármol del Águila, que subía al Santuario a recoger la imagen de LA
PEQUEÑICA
, la que con anterioridad y sabedores los “guardianes” del Saliente de los destrozos causados en los templos del pueblo, había retirado la sagrada imagen de su Camarín, dejándola – medio escondida – bajo las gradas que llevan al coro:
 


“¿Dónde tus dos querubines
te ocultarán, si la ira
te busca en la ermita…?”



En el romance titulado : “DIA TRISTE EN EL SANTUARIO”, original del citado Sr. Martín del Rey, podemos leer:
 


“El alcalde de la villa
-la blanca villa de Albox-
ha llegado al Santuario
con recelosa intención”

 


El poeta, tras describir un diálogo entre la primera autoridad albojense y el Capellán de la Virgen – en presencia de dos mujeres- el ermitaño dice ignorar en que lugar puede encontrarse la imagen de la VIRGEN DEL SALIENTE a la que, el tal Alcalde, tenía grandes deseos de "echarle mano", de encontrarla:

"Pues a por Ella venimos sin más consideración que la de llevarla presa hasta la villa de Albox"

Por último, la santa imagen, fue encontrada. El hombre que la descubrió, al verla sintió un gran temblar en todo su cuerpo, temblor de emoción, de temor, como siente el cuervo cuando presagia alguna desgracia. Y la imagen de LA
PEQUEÑICA (detenida y apresada como indigna delincuente), es introducida en la cabina del camión de "Monterey" que había sido "requisado" para esta desagradable comisión. El vehículo emprende la marcha con dirección de Albox mientras que le capellán de la Virgen, completamente abatido por lo sucedido en el Saliente, llorando dolorosamente la marcha de su querida PEQUEÑICA, con el corazón desgarrado, elevando impotente ante los hechos las ojos al cielo, ya estrellado, musita:



"Si no vuelves Virgen mía
sea mi alma ruiseñor,
que cante las soledades,
en el Saliente de AIbox ".



Llegados que fueron a la villa, los que ”apresaron" a la Virgen del Saliente, aquella Pequeñica imagen de la Madre de Dios de los Desamparados, quedó abandonada sobre una mesa rinconera en lugar poco frecuentado donde permanecía indiferente a cuantas personas transitaban por las dependencias del Hospital de Sangre. Ella, LA
PEQUEÑICA, no dejaba de escuchar los acerbos lamentos y sollozos de los soldados heridos, sin que estos supiesen que cerca de ellos está la mejor medicina que pudieran encontrar para alivio de sus penas, dolores y heridas. La Virgen del Saliente, LA PEQUEÑICA los está escuchando:



"La Virgen cautiva
con penas de amores
sube las ansias
de los corazones

La Virgen suspira
en sus soledades
y lágrimas quiere
derramar amantes
por librar a España
de llantos y sangre
de odios, de guerra…”

 


La enfermera- maestra Marina Fernández al ser "súbdita" mejicana, y siendo como era México, una nación amiga de la España republicana, o roja, esta señorita no estaba tan vigilada como otras muchas personas: —tenía el campo libre", entraba y salía del Hospital con entera libertad, y recorría las calles de la villa, sin que patrulla alguna de "milicianos" la molestasen, y si alguien se atrevía a hacerlo, ella lo asustaba diciéndole que le daría cuenta al Cónsul de su país. En su casa de la Calle Escuadra, (Colegio de Flora Fernández Ferrer), no padecían los continuos registros que tenían lugar en otros establecimientos y casas.


Marina, desde el punto y hora en que LA PEQUEÑICA llegó "prisionera" al Colegio-Hospital, no la perdía de vista pensando constantemente en el peligro que corría aquella Pequeñica imagen de la Virgen del Saliente, por si un maniaco cualquiera, o una persona ignorante de lo que era y representaba aquella imagen pudiera destrozarla, también podía ser reconocida por alguno de aquellos "milicianas" locales, de monos azules, cartucheras, fusil al hombro, tocados con un gorro cuartelero en los que en un costado aparecían las letras U.H.P. y F.A.L. Marina que había estado contemplando como habían sido destrozadas las imágenes de los "santos" de tamaño natural de la parroquia... Si encontraban a LA PEQUEÑICA: !Que no harían con Ella!, Tan chiquitica en aquel rincón del Convento-Hospital que:
 


"La cal de los muros
la guardaban al aire
le dice plegarias
a la que el corazón
abre ventanas …
¡Nadie lo sabe!
Y allí está la milagrosa
como enfermera blanca ".

 

CAPITULO IV

Habían pasado los meses del verano y el otoño ya se terminaba, corría el mes de diciembre, y la imagen de LA
PEQUEÑICA seguía "arrinconada" indiferente para todos menos para la "enfermera-celadora de la Virgen" Marina Fernández, la que el martes día 8 de diciembre, festividad de la Purísima Concepción de la Virgen María, el día de la Purísima del año de 1.936, con total atrevimiento, con sumo disimulo se acerca a su Madre del Saliente- como solía hacerlo todos los días para ofrecerle una plegaria por la paz de Albox y de España, por los que "se llevaron" y no volvieron, por ella misma-, y en un profundo silencio, sigilosamente, llena de santo temor le dice muy quedo a la Virgen:

-"Alégrate..,, Virgencica. Hoy, te libro de esta cárcel ".

Abriendo la boca de un saco de arpillera- saco sucio por el carbón que había contenido con anterioridad- con suma reverencia tomó la sagrada imagen de LA
PEQUEÑICA, y tras envolverla en un lienzo blanco (¿Una sábana?), temerosa la enfermera- maestra, Marina, por si pudiese ser descubierta siendo portadora de tan sagrado tesoro, salió del edifico del Hospital por una puerta que daba al Paseo del Muro, giró hacia la izquierda camino de la Plaza del Pueblo para dirigirse a su casa de la Calle Escuadra, en la que sus hermanas se encontraban realizando sus labores ignorantes del "excarcelamiento", que marina lleva a cabo. En su caminar no deja de lanzar sus miradas a diestro y siniestro; un perro cruzó corriendo junto a las piernas de Marina, el susto que esta se llevó es indescriptible. Al pasar por la Plaza el Pueblo hubo de retirarse a un lado para dejar paso a un camión militar que, del edificio de la parroquia, salí tras de descargar su mercancía, pues la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario (Santa María), había sido “requisada” y convertida en almacén de abastos.

No pesaba mucho la diminuta imagen de LA
PEQUEÑICA, pero a Marina le resultaba un
gran peso- era el miedo y el temor lo que hacia que , Marina, sintiera el “peso” de la imagen-, y cuando menos lo esperaba sintió dentro del saco como si algo se rompiese: ¡ Madre de Dios!. ¿Qué sería?. Se detuvo ante la Puerta Colorá de la iglesia-almacén, cuando llegó a pasar por allí “Juanete”, un muchacho vecino de Marina, al cual le pidió que le llevara “el bulto” a casa; el chico- ignorante del tesoro que contenía aquél negruzco saco- , agarró el saco y tranquilamente lo transportó a la escuela, a la que llegó Marina más blanca que la cal de las paredes, y dijo a sus hermanas:

- “Me he traído a la Virgen del Saliente para esconderla en lugar seguro”.
- ¿Pero estás loca?- clamaron al unísono Flor y Concha la cieguecita. Los tiempos no eran para estar jugando con “cosas de iglesia”. Flora sacó del saco la sagrada imagen que, al verla, no pudo contener las lágrimas de emoción y comenzó con un pequeño plumero a quitarle el polvo que había cogido la imagen dentro del saco; la invidente Concha, palpaba una y otra vez a LA
PEQUEÑICA y le decía cariñosas frases, como de hija de a Madre. La enfermera-maestra “liberadora”, estaba arrellanada en un viejo sillón pensativa de lo que podía haber sucedido y dando gracias a la Virgen del Saliente por el feliz desenlace de aquél rescate de LA PEQUEÑICA
. Aquello que la “liberadora” había notado que se rompía, no era sino la Corona de la Virgen que se había desprendido de la imagen. Aquella corona es la que figura en el óleo que está en el expositor del altar mayor de la Iglesia de Santa María, pintura original del artista Huercalense RESALT (1.873), cuya corona desapareció en aquellos años de la Guerra Civil Española, juntamente con un medallón que portaba la sagrada imagen, según nos dicen don Antonio y don Pedro María Fernández Ortega en su obra:”LA VIRGEN DEL SALIENTE EN SU BUEN RETIRO”, pags. 81-82.

 

CAPITULO V

Aquél 8 de diciembre de 1.936, salió la Virgen a la calle sin flores, sin colgaduras en ventanas y balcones, sin música alguna, sin voces masculinas y femeninas que lanzaran a los vientos cánticos marianos y aquellos clamores ardientes y amorosos de !VIVA LA VIRGEN DEL SALIENTE!. !VIVA LA
PEQUEÑICA!, los que nuestra Santa Patrona tan acostumbrada estaba a escuchar cuando en religioso cortejo era paseada por las calles de Albox. Todo el "hacer" de Marina sucedió en silencio, en el más recóndito secreto. !Tanto era el amor y el miedo!.

Durante las años 1.936 al 1.939, serían numerosos los sobresaltos de Marina y sus hermanas que hubieron de padecer, cuando un avisa “amigo" les comunicaba que la casa N°3 de la Calle Escuadra, el Comité Local había mandado registrar. Marina por "ser mejicana" no temía por su persona: ¿pero, y sus hermanas?. ¿Y la imagen de la Virgen "embaulada"? Ante tal situación sacaron a LA
PEQUEÑICA del baúl y dentro de una cesta de caña y mimbre, obra de manos gitanas, la pasaron a casa de unos familiares, en la misma calle, y allí en una habitación recóndita encerraron la imagen en un armario ropero con dos puertas con lunas (aún existe la habitación y el armario ropero; por indicación de sus propietarios silenciamos el nombre de los mismos). Y en esta segunda "estación" de la Virgen del Saliente, los moradores de la casa y algunos vecinos se reunían para orar ante la imagen de LA PEQUEÑICA. Hubo sospecha de que en "la casa del ropero" ocurría algo anormal, por lo que se vio por sus alrededores algunos "milicianos" vigilantes de aquellas calles del Mesón, Caño de San Felipe y Escuadra, el punto de encuentro de alguno "milicianos" era la Calle del Mesón (Cervantes), por lo que la Virgen volvió a su baúl, para no comprometer a otras personas fuera de la familia Fernández Ferrez, y según palabras de Flora, en una entrevista que le hizo don Carlos Conchillo, y que este publicó en el diario de Almería "LA CRÓNICA" del día 29 de enero de 1.983, "... metimos a la Virgen en una despensa con algunas cosas que se pudieron salvar de la Iglesia y la tapiamos, con lo cual estaba más protegida''.- ¿Estaba la Virgen segura en la despensa?. ``...lo estuvo hasta que una muchacha que vivía con su familia en nuestra casa dijo a los milicianos dónde estaba la Virgen, y por esto, un tío mío se la llevó a casa de "Remedios la Cañamona". Allí estuvo poco menos que un mes, y cuando terminó la guerra, mi tío trajo a la Virgen en hombros a nuestra casa donde estuvo algunos días…”. Estas palabras fueron dichas por Flora que, como dice el entrevistador "algunos días después de esta entrevista Flora falleció".
 


El domicilio de "Remedios la Cañamona", estaba en la Calle de La Concepción del barrio de la Loma, según pudimos averiguar, y de allí el tío (¿Antonio?) de Marina, cuando acabó la guerra la bajó en hombros. Las hermanas Fernández, armaron en una habitación, con vistas a la calle, un hermoso altar como los que se suelen montar para la CRUZ DE MAYO, y en él colocaron a la Virgen del Saliente para que pudiera ser venerada y adorada por los albojenses que, como torrentes alegres y amorosos llegaban a la Calle Escuadra para rezar ante la que creían perdida, desaparecida, su PEQUEÑICA a la que ofrecían hermosos ramos de flores entre peticiones y oraciones que salían de lo más profundo de aquellos amorosos corazones.

Terminada la guerra, comenzó a ser acondicionado nuevamente para Colegio el Hospital de Sangre, y al no estar el templo parroquial en condiciones, llegado que fue el mes de mayo, el MES DE LAS FLORES, los devotos de LA
PEQUEÑICA
, no quisieron dejar a su Santa Patrona, a su Madre, sin hacerle el ejercicio e las flores:



"Venid y vamos todos, con flores a porfía,
con ,flores a María que Madre nuestra es ,..”

 



Y tras el Ejercicio de Las Flores, a su final, mientras aquellas personas amantes de LA
PEQUEÑICA se dispersaban camino de sus domicilios, cantaban:



" tomad Virgen pura, nuestros corazones, no nos abandones, Jamás, jamás. . . “
 

En plena calle, se le cantaba a la Virgen como saben los hijos de Albox cantar a su Madre v Patrona: se rezaba el rosario y se recitaba la Letanía Lauretana . " Santa Virgen de la Vírgenes Ora pro nobis..." La novena que se hacía era la que escribiera el señor cura párroco de Santa María, don Bartolomé Caparrós Carcía, en el año 1.930, como así se cantaba el Himno en honor de la Santísima Virgen del Saliente (Letra y Música) de don Esteban Carbonés, presbítero.-

 

CAPITULO VI (FINAL)



"Clara estrella refulgente
y del mundo blanca flor,
Virgencica del Saliente,
de Albox se dulce amor;
del mejor sol su aurora,
luz del mayor luminar,
de Albox la gran señora
te alaba con fervor
Pues, Tú eres indulgente
Madre Santa del Señor,
Virgencica del Saliente,
de Albox el dulce amor ".



Y la imagen de LA
PEQUEÑICA, retornó al COLEGIO DE LA MILAGROSA- no tenia casa donde ir-. El templo parroquial se comenzaba a restaurar; el Santuario del Saliente no tenía altar ni dosel en el que colocar la sagrada imagen;¿Dónde mejor que el caserón que le había servido de "cárcel"?.


En el Paseo del Muro, se ha montado un gran altar que como escribiera don Bernardo MARTÍN DEL REY:" ...doncellas traen ramos de flores, y macetas y mantones de seda y encajes y delantales blancos(...) !Con que alegría transportan las rosas y los claveles. ". De la Loma, yendo a la cabeza Remedios "la Cañamona", que ha dejado su humilde taller de alpargatería, bajan claveles y ramas; por la Rambla abajo vienen las cortijeras de Santa Bárbara, de Las Pocicas, de Los Cerricos, de Los Gallardos..., vienen de todos los cortijos, caseríos y casas de labranza. Las mujeres portan escapularios, medallas, cruces... !Son cristianos viejos!. Las campanas repican una y otra vez cumpliendo con su misión, como nos dice la poesía rimada de los pueblos neolatinos:

Ludo Deum verum, pleve voca...

Esa es la misión de las campanas de las iglesias católicas: Alabar con sus sonidos a Dios verdadero. Llamar al pueblo a la oración.

En el aire estallaban los cohetes anunciando la gran fiesta, suena la música; varias personas mayores enjugan sus lágrimas !Si él viniera!, Todos esperan y se preguntan; ¿PERO DÓNDE ESTÁ LA VIRGEN?... El cielo se extasía de resplandores. Se escuchan gritos de alegría, a la Plaza del Pueblo ha entrado un grupito de jovencitas llorando, cantando, saltando de contento mientras van lanzando pétalos de flores.

- !TRAEN A LA VIRGEN DEL SALIENTE A LA
PEQUEÑICA ! .

Una chica del pueblo (Marina Fernández), trae entre sus brazos amorosos, con suma unción y reverencia la sagrada imagen; viene temblorosa, llorando y riendo a la vez en tanto va musitando unas oraciones.

- ¡VIVA LA VIRGEN DEL SALIENTE!, !VIVA LA
PEQUEÑICA!.

Marina, llega hasta el altar y sobre la mesa del mismo, encima del ara sagrada, descubre la imagen de MARÍA DE LOS DESAMPARADOS, con sus Querubines. Un silencio emocional se apodera de todos cuantos llenan el Paseo del Muro. Silencio profundo. El sol está adorando la sagrada imagen de LA
PEQUEÑICA
y da comienzo el santo sacrificio de la Misa ( Misa del Amor y del Perdón).


Vinieron varios sacerdotes, y don Antonio lloraba como un niño diciéndole a Marina que había sido una "heroína", que había salvado la sagrada imagen de la VIRGEN DEL SALIENTE, y como tal heroína, la Cofradía NUESTRA SEÑORA DEL SALIENTE (1.947), colocó en los muros del Santuario un retrato de Marina Fernández, pintado por José Diego García Guirao, el cual también habla escrito una “LEYENDA DE LÁZARO DE MARTOS, O DE LA VIRGEN DEL SALIENTE PATRONA DE ALBOX (1.978)".

Terminada la Santa Misa, el sacerdote celebrante cogió la sagrada imagen - como una custodia con la Sagrada Forma - y dio a los cuatro puntos cardinales la bendición con Ella entre los aplausos de los albojenses que comenzaron a cantar:
 


"Ole, ole, la Virgen del Saliente,
LA
PEQUEÑICA,
que en el cerro más alto tiene su ermita".
 



Víctor Azagra Murillo
Albox, enero 1.999

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