Tras
los pasos de
La
Roldana
(En torno a
la autoría de la Virgen del Saliente)
Hasta la fecha -y de manera equivocada- se ha venido
atribuyendo a la escuela granadina la talla de la Virgen del Saliente,
motivado, quizás, por el peso de una tradición verbal en clave de leyenda
que hacia venir la imagen desde Guadix, encontrada allí por intercesión
milagrosa de la providencia. Parte de responsabilidad en esa leyenda la
tiene Moreno Cebada quien en 1865, y a instancias del párroco de Albox D.
Diego Fernández, publicó una historia de la imagen y del Santuario con todos
los datos milagrosos que se han transmitido de generación en generación
hasta hoy. Con todo esto, no quiero decir que la publicación decimonónica
sea una falacia, pero si advertir de su carácter mítico y fabulado.
Obviamente, en el caso de la procedencia de la imagen, Moreno Cebada no tuvo
necesariamente que estar equivocado, y puede ser que la talla llegara a
Albox procedente de la provincia de Granada. De como se adquirió y si medió
el encargo, no tenemos documentos algunos.
En 1990, Juan José Ceba -alertado por unas imágenes de Luisa Roldán que
había visto en Sevilla y Madrid- me habló de la posible procedencia de la
Virgen del Saliente del taller de Pedro Roldán, el gran imaginero sevillano
de la segunda mitad del siglo XVII. En especial, había visto una talla de la
Roldana en el monasterio de la Encarnación en Madrid que guardaba un
extraordinario parecido con la imagen albojense.
Decidimos iniciar, una investigación juntos –que todavía continúa- en la que
se involucraron otros amigos y personas interesadas a lo largo de estos
años. Ya desde los primeros datos, ciertas confirmaciones a algunos de
nuestros supuestos nos han ido subiendo la temperatura hasta el día de hoy.
La primera respuesta nos la dió Pedro Roldán, máximo representante del pleno
barroco sevillano. No sabemos con certeza el lugar de su nacimiento: en
1624; se discute entre Sevilla y Antequera. Lo que si sabemos con seguridad
es su incorporación al taller de Alonso de Mena en Granada como aprendiz
hacia 1638; contaba catorce años. No tenemos datos anteriores a esa edad. Su
infancia debió pasarla en Orce -de allí eran sus padres- y probablemente
conoció al escultor Cecilio López Criado, que tenía el taller en Baza y era
cuñado 7e Alonso de Mena. Con Cecilio trabajaba el mallorquín Bernardo de
Mora, padre del luego celebre José de Mora. A los catorce años -como he
dicho- aprende el manejo de la gubia con Alonso de Mena; su condiscípulo
-cuatro años menor que el- sería el hijo del maestro, Pedro de Mena. En 1646
muere el maestro y Pedro Roldán marcha a Sevilla con 26 años. Va casado con
una granadina, Teresa Ortega y Villavicencio, y a su llegada organiza un
taller que va creciendo con el paso de los años al incorporarse hijos e
hijas del matrimonio. Casi cincuenta años de encargos y trabajo
ininterrumpidos le reportan un gran éxito como imaginero en la ciudad
hispalense.
De su numerosa prole, la práctica totalidad se incorporaron al taller, si no
como escultores, como doradores, policromadores o estofadores. Un dato de
este taller nos hace soñar: el ensamblador, que trabajaba para ellos se
llamaba Cristóbal de Guadix - fue autor de las partes arquitectónicas de
algunos retablos que salieron del taller.
Luisa Roldán "La Roldana"

De entre todos los hijos, la que realmente heredó la capacidad de su padre
-y una sensibilidad especial fue Luisa, a la que con el tiempo llamarían "la
Roldana", alcanzando muy pronto celebridad por lo inusual de su condición
femenina en el mundo del arte y por la categoría magistral de sus obras,
reveladoras de una sensibilidad exquisita y un carácter firme y decidido,
propio de un varón a la usanza. Luisa nació en Sevilla en 1656 v murió en
Madrid en 1704, siendo escultora de cámara de la corte de Carlos II el
hechizado, último de los Austrias. Los cincuenta años de su existencia
pueden dividirse en dos grandes etapas. La primera de ellas hasta 1692,
fecha en que la Roldana marcha a Madrid en respuesta a la llamada de
Cristóbal de Ontañón, ayuda de cámara de Carlos II, y llevando en el
equipaje algunas obras, que mostró al monarca. Este le encarga el celebre
San Miguel del Escorial, culminación del estilo maduro de la Roldana y
autentica obra maestra del Rococó español, ejemplo significativo de la
política de esta segunda etapa.
Lo que aquí nos interesa, en cambio, es el primer
periodo de la Roldana, etapa sevillana en la que trabaja bajo la tutela de
su padre. Con 28 años, en 1684, Luisa ejecuta los ángeles pasionarios del
paso de la Exaltación en Sevilla, enteramente salido del taller de Pedro
Roldan (al igual que sucediera con la decoración de la iglesia de Olivares,
cerca de Sevilla, en la que también colaboro Luisa).
La culminación de estos años se encuentra en los trabajos realizados para la
catedral de Cádiz. Allí marcho con su marido Luis Antonio de los Arcos -con
el que se había casado en contra de la opinión de su padre- y ejecutó varias
obras que el marido se encargo de policromar. Las más importantes son las de
los santos mártires San Germán y San Servando; en ellos el barroco pleno de
su padre ha virado hacia un incipiente rococó. No hace mucho se encontró un
papelito enrollado dentro de una de las dos tallas que rezaba: "Ejecutado
por Luisa Roldán bajo diseño de su padre Pedro Roldán. Viendo estas dos
obras el lector albojense sentirá la sacudida del hallazgo, la misma que
sentí yo cuando las vi por primera vez a través de unas fotografías del
Summa Artis. Después las he visto en su emplazamiento original y con los
ánimos más calmados he podido constatar muchas de mis sospechas.
En primer lugar , la falta de información sobre el periodo andaluz de la
Roldana -más conocida por su etapa madrileña- y su falta de catalogación,
confundiéndose muchas veces las autorías entre sus hermanos, ella y su
propio padre. En segundo lugar no sólo las afinidades estilísticas de la
Virgen del Saliente con estas dos obras y otras muchas del taller paterno
sino su cronología, que coincide con la construcción del primer santuario
del Saliente y el periodo de máxima actividad Roldanesca.
Conocemos una lápida de mármol blanco con la fecha fundacional del primer
santuario en el año 1716, momento de finalización de las obras
arquitectónicas.
Casi con total seguridad, la imagen existía con anterioridad a la
construcción del santuario -así lo quiere la tradición- o por lo menos fue
un encargo paralelo al levantamiento del edificio.
Imagen
de la Virgen del Saliente
Personalmente, creo que la hipótesis del encargo en el caso de la Virgen del
Saliente no es muy probable; lo sofisticado de su iconografía -aún sin
descifrar- y lo original de su diseño así como su tamaño, inducen a pensar
en una adquisición de la imagen a algún particular a finales del siglo XVII
o principios del XVIII, por lo que debió de ser ejecutada en el último
tercio del siglo XVII. Cronológicamente coincide con el periodo de más
intensa actividad en el taller de Pedro Roldán, a caballo entre el paso de
la Exaltación y los santos de Cádiz.
Estilísticamente, saltan a la vista las prodigiosas similitudes. Si
tuviéramos que datar la imagen de la Virgen del Saliente a la luz de estos
datos, estaríamos hablando de la década de los ochenta, unos veinticinco o
treinta años antes de la colocación de la lápida en el primer santuario. Si
realmente la imagen procedía de Guadix cuando llegó a Albox, es
perfectamente verosímil su procedencia de Sevilla cuando llegó a Guadix,
vistos los datos biográficos de Pedro Roldán, auténtico puente entre las dos
escuelas de imaginería andaluzas.
Desde que comenzamos esta investigación hemos hecho comparaciones de estilo
entre las tres escuelas de escultura -sevillana granadina y murciana- y sus
escultores representativos; basadas todas ellas en un visionado
pormenorizado de técnicas, diseño de drapeados, rostros, gestos, manos
policromías, estofados, etc. Muy pronto quedaron descartadas categóricamente
las escuelas granadina y murciana por no encontrar apenas algún carácter
común con la talla del Saliente.
Problemas de
iconografía
Más compleja aún que la atribución resulta la iconografía de la imagen. No
existe ninguna otra obra del periodo en la historia del arte con la que se
pueda establecer un parentesco definitivo. Muy certeros fueron los hermanos
Fernández Ortega al sacar a la palestra el pasaje del Apocalipsis referido a
la mujer en lucha con el dragón, pero incorrecta bajo mi punto de vista, la
lectura del pasaje aplicándolo de manera directa a la imagen, asociado al
concepto de María-Iglesia. La respuesta a los atributos apocalípticos se
encuentra en la tradición inmaculista de la sociedad sevillana. Las fiestas
en honor de la Inmaculada eran multitudinarias. Los dominicos se oponían
discretamente a este dogma, hasta que en Febrero de 1617 el Papa emitió un
decreto para que los inmaculistas defendieran sus tesis. Ante esta noticia,
Sevilla ardió en fiestas. Las representaciones de la Inmaculada Concepción
en pintura y escultura empezaron a ser algo habitual y casi representativo
de la ciudad hispalense. Las primeras realizaciones siguen estrictamente la
iconografía dictada por Pacheco en su "Arte de la pintura". En el, adjudica
todos los atributos de la mujer apocalíptica a la Inmaculada, y dice que se
ha de representar con manto azul y vestido blanco (color original en la
Virgen del Saliente), la luna por pedestal doce estrellas de corona y soles
en el
manto.
San Servando. Obra de La Roldana
La
edad de unos trece años y los cabellos rubios y rizados, las manos juntas.
El dragón pisado y no enfrente de la mujer, como dice el Apocalipsis. Nada
dice de si ha de representarse encinta o no; el leve abultamiento del
vientre en la imagen del Saliente es el propio de su anatomía rechoncha
típica de las vírgenes sevillanas -reacuérdese la "colosal" de Murillo en el
museo de bellas artes- basadas casi todas ellas en las mujeres hispalenses.
En sus realizaciones particulares Pacheco prefiere excluir el dragón por la
fealdad estética, y en ello le sigue su yerno Velázquez cuando pinta la
Inmaculada para el Carmen Calzado de Sevilla, hoy en la National Gallery de
Londres. Este modelo de Inmaculada se impone en todo el barroco sevillano
durante la práctica totalidad del siglo XVII, si bien es Murillo el único
que será capaz de desvincularse de esta estricta iconografía. Por todo ello,
cabe hacerse la pregunta definitiva: ¿Representa la Virgen del Saliente la
iconografía de la Inmaculada apocalíptica? Hasta la fecha, creo que es la
conclusión más razonable. En la obra de Pedro Roldán encontramos las
Inmaculadas apocalípticas con algunas licencias de un barroquismo avanzado.
Hay, sin embargo, en nuestra imagen, ciertos aspectos que despistan. En
primer lugar, los dos ángeles gemelos sin alas, que si bien es cierto que se
ajustan al prototipo sevillano con vestimenta a la romana, su inclusión en
una iconografía inmaculista es desconcertante. Muchas veces he suprimido
visualmente la corona -no sabemos si la tuvo originariamente- de la imagen y
he intentado imaginarla en una capillita privada dentro de un conjunto
escultórico mayor, repleto de angelitos volando en una especie de Apoteosis
de la Inmaculada; con ello, los ángeles que ahora vemos tan solos, tendrían
más sentido. Ceba dice que dos hermanos de la Roldana eran gemelos y quizás
en honor a ellos tallo los de la Virgen; es posible.
La última sugerencia que ha aportado Juan José Cela sobre la iconografía de
la imagen es jugosa y en ella llevamos las últimas investigaciones. Se basa
en el absoluto protagonismo del viento en la figura con su manto hinchado
inolvidable. El conquistador Pedro de Mendoza -nacido en Guadix en 1487-
fundó la actual Buenos Aires en la orilla derecha del río de la plata en
Febrero de 1536 con el nombre de Santa Maria del buen aire, patrona de la
ciudad y un año después murió en el Atlántico. Hasta el día de hoy no hemos
podido visualizar ninguna Virgen del Buen Aire de Buenos Aires; si
tuviéramos acceso a alguna de estas representaciones se aclararían muchas
dudas. ¿Estamos ante una Virgen del Buen Aire cuando vemos la Virgen del
Saliente? Quien sabe. A lo mejor somos un par de lunáticos enfebrecidos por
un romanticismo decadente, impropio de estos tiempos. En cualquier caso,
según me cuenta José Miras Carrasco, el prestigioso historiador Pita Andrade
estuvo en Albox y al ver la talla de la Virgen del Saliente afirmó
categóricamente que era obra de la Roldana. Puede que el tiempo y nuestras
investigaciones le den la razón.
Andrés García Ibáñez. Octubre 2000